“Sorry, I don’t speak English.”

Words

Foto: Words de Nina Jean. Via Flickr. Licencia CC.

Sorry, I don’t speak English.

Esta oración solita hizo que se me apretara el corazón. Y es que, de repente,  me imaginé un poco la vida de quien me la dijo. Era una mujer entre los 45 y 50 años.  Yo estaba como turista en un hotel de Tampa y ella era la empleada de limpieza del piso en el que nos hospedábamos mi esposo y yo.

Me chocó tanto que me dijera que no hablaba inglés que le respondí con sorpresa, aún en ese idioma: “You don’t speak English?!” Me aseguró que no hablaba inglés, así que le pregunté, con mi acento bien boricua, si sabía español. Ante la afirmativa comenzamos a hablar.

Me dijo que es cubana y que lleva un año trabajando en el hotel. Que solo sabía algunas palabras en inglés, como por ejemplo jabón, que es lo que yo le iba a pedir.

Pensé en cómo serían sus días, caminando en un sitio diferente a su país y tratando de interactuar con otros, hacer la compra, ir al banco o hasta tomar el transporte público, todo en un idioma que no es el suyo y, muy probablemente, lejos de su familia y amigos.

Y entonces me imaginé viviendo en Estados Unidos. Ya antes lo había hecho, pero en el ambiente agradable y protegido de una universidad. Hoy, la cosa es distinta. Mi esposo anhela mudarse a ese país en busca de una oportunidad de trabajo, pero yo me resisto porque aquí, en Puerto Rico, está mi familia, mis amigos, mi trabajo y las playas más lindas que me pueda imaginar. Confieso que me da miedito someterle al difícil, aunque sí lo entiendo y leo perfectamente y ya de jovencita (sin Google o celular) demostré que puedo sobrevivir en cualquier estado de esa nación.

Pero, a días de haber llegado de vacaciones no dejo de recordar a esa señora del hotel y los malos ratos que quizás ha pasado desde que reside en su nuevo país. Quizás han intentado cogerla de tonta por no saber inglés y hasta algún memo tendrá en el expediente por no haber entendido las instrucciones de sus jefes. También pienso en la mujer que nos encontramos en Magic Kingdom esa semana. Pensaba que era sorda, luego descubrí que no hablaba porque no sabe inglés. Así que solo se limitaba a señalar el camino por donde debíamos caminar hasta llegar a la caja registradora.

Vivir lejos del terruño no está fácil. Mis amigos que residen “al otro lado del charco” han sido muy honestos conmigo. Separarse de la familia está brutal, empezar desde cero también y mucho más pasar unas Navidades sosas, si se comparan con el ambiente festivo que caracteriza a Puerto Rico durante esa época. También está camarón estar lejos de los tuyos cuando sabes que ya tienes familiares mayores, lo que limita que ellos puedan visitarte. La vida, poco a poco se va complicando y las segundas generaciones de boricuas entienden español, pero no quieren hablarlo. Entonces la cultura, poco a poco, se va perdiendo… El dolor que me causan todos estos pensamientos me aguó un poco las vacaciones. Mi esposo estaba feliz de estar ‘al otro lado del charco’ y yo le encontré faltas hasta a la “perfección” de Disney, que bastante imperfecto que es…

Nada, que estoy loca porque lleguen las Navidades para disfrutarme todas las fiestas a las que me inviten y cantar todas las canciones en español que pueda.

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2 comentarios en ““Sorry, I don’t speak English.”

  1. Viajar a otro país es difícil, sobre todo cuando lo haces de adulto, pues ya has tenido una vivida en el que naciste. Yo veo la diferencia entre nosotros (mi esposo yo) y mi hija mayor. Nosotros extrañamos, añoramos y comparamos lo que teníamos o podemos disfrutar en México, contra lo que tenemos aquí, y eso que hablamos inglés y mi esposo tiene un buen trabajo, pero aún así, no dejas de comparar. Mi hija en cambio, aunque tiene su corazón dividido entre los dos países, no le cuesta trabajo la vida aquí porque ella llegó cuando tenía casi 3 años. Pero sí, los climas son diferentes, las fiestas son diferentes, y si no encuentras un círculo de amigos la vida es muy solitaria. Pero también pienso que cada persona viene a este país por distintas razones, la de nosotros fueron económicas y la oportunidad de un trabajo para mi esposo. Estamos mejor, pero con la nostalgia de lo que pasa en nuestro país, al que por fortuna podemos visitar. No me imagino estar aquí por muchos años, extrañar el lugar donde nací y no poder ir o traer a los míos, eso sí que sería tortura.

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    • Gracias Blanca por compartir tus experiencias. Para Nada juzgo a quiénes se mudan a EU. Algo que sí vi es que hasta quienes no hablan inglés tienen trabajo, una oportunidad, una esperanza. Mi mamá se fijó en eso al leer mi escrito. Y eso hay que agradecerlo y reconocerlo también.

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