Almas en pena

Foto por: @Doug88888 Imagen: “Wet woman” Flickr.com, Licencia CC

Es probable que ni te hayas dado cuenta, pero durante tu vida te has topado con muchos “seres” que están en el limbo. Tienes que tener los sentidos bien agudos, practicar un poco y después de algún tiempo “sentirás” su presencia en todos lados. Me refiero a las almas en pena, al menos así les llamo yo. Son esos “entes” que están en un abismo, entre la vida y la muerte, entre el ahora y el pasado, o hasta en el futuro…. pero en uno sin esperanza….

Las almas en pena se están multiplicando a pasos agigantados, y a veces pienso que mucho más que las almas gemelas. Están en todos lados: en las oficinas médicas, en la fila del supermercado, en las empresas privadas y en el gobierno. Y aunque pueden vivir o “trabajar” en edificios enfermos o embrujados, realmente no son almas que vienen del más allá. Son de carne y hueso, sus cuerpos está en el ahora, pero sus mentes y sus espíritus están agonizantes. Sus semblantes son de una extraña gama gris. Con el tiempo, he descubierto que muchas, en algún momento, tuvieron ganas de vivir y un inmenso potencial, sin embargo se estancaron. Y es que en el proceso evolutivo no supieron ser los más aptos…. O quizás sí lo son….y son los únicos que ven las injusticias…. por lo que quizás un poquito de su corazón ha muerto o quizás la indignación les ha quitado la motivación. O, a lo mejor, han descubierto que el permanecer tranquilos, a veces hasta inmóviles, es lo mejor para sobrevivir en este conmocionado mundo.

*Confieso que en el pasado fui un alma en pena “prestada”. Digo prestada porque vagué como un “alma en pena” algunos días de la semana y durante algunas horas. Me convertí en un “médium” para esos seres. Se acercaban a mí y me narran sus experiencias (probablemente descubieron mis instintos de trabajadora social y sicóloga). Otras veces no decían nada, pero yo, como periodista al fin, buscaba pistas que me llevaron a la conclusión de que, en efecto, “purgaron” las injusticias de algunos vivos. Sus sueños y metas se troncharon o, peor aún, transformaron sus metas en realidades pero, al final, les costó la envidia, y por ende, la indiferencia.

Son por ejemplo, ese empleado quien en su época fructífera era responsable y contaba con buenas ideas. Sin embargo, un buen día su jefe, de golpe y porrazo, le quito sus tareas, le cortó las alas o lo trató con indiferencia. Con los años, ese “ser de luz” se transformó y, al final, no toma decisiones; se convirtió en un “ente” oscuro…. en un “soplapote”. Es así como, de ser un profesional estrella, ahora evita la confrontación, y soporta las ironías y hasta los gritos…. Su diploma de una universidad, a veces Ivy League, esta ahí, colgado en la pared como testigo silente de su desamor al trabajo y de cómo pasa las horas navegando por la Internet o quizás sí realizan tareas loables que, aunque excelentes, no tienen nada que ver con su trabajo y sí con su “part-time” o labor voluntaria.

Estos “entes” oscuros son, por ejemplo, la secretaria que en lugar de soluciones sólo se queja sin cesar de las cartas que tiene que redactar, o el mesero que se molesta cuando le pides que te traiga una bebida adicional… ¿Después de todo, no son estas labores afines al trabajo de ambos? Y aunque no lo fueran, ¿qué ha pasado con el trabajo en equipo, con el deseo de procurar por el bienestar del prójimo?

Por desgracia, las actitudes de estas personas corroen a toda la sociedad. Son una plaga. Sus estilos, por más justificados que estén, no pueden ser emulados o aplaudidos. Sin embargo, a la hora de la verdad, sus sentimientos de impotencia se multiplican y se transfieren a quienes les rodean. Y por eso, al convertirme “dedocraticamente” en médium para estos seres, sus estados de ánimo comenzaron a afectarme.

Martha Beck, autora y coach de vida, escribió hace un tiempo sobre un fenómeno parecido en su columna en “O, The Oprah Magazine”. Ella denominó el concepto como sponge people o “gente esponja”: personas que se “infectan” con los estados de ánimo de otros. Por ejemplo, luego de interactuar con colegas descontentos, la “gente esponja” presenta sentimientos de ansiedad, tristeza e indignación.

Y claro, ese comportamiento resulta normal siempre y cuando no afecte nuestra rutina de vida. Pero cuando, día a día, el sentimiento es persistente, entonces la cosa se hace seria. La vida es un caminar, pero nunca debe ser un vagar. Por eso debes detenerte y reflexionar sobre por qué vas como un alma en pena. Esa es la señal ineludible de que necesitas un cambio. Mucha gente detecta estas señales y es cuando logran, para su vida y la de los demás, cambios trascendentales. Sin embargo, otras permanecen inmóviles y comienzan su vagar eterno…

Por eso, hay que ser fuerte y contar con ciertas técnicas de “protección” para que esas almas poco a poco se alejen y dejen de “manifestarse”. Beck tiene algunas sugerencias: acepta que eres una persona esponja; monitorea a esos seres y reconoce cómo te sientes al interactuar con ellos; relájate, respira profundo y atrae a tu mente una imagen que te brinde tranquilidad y seguridad para que cada vez que un “ser” se “manifieste” puedas bloquear su negatividad.

También te recomiendo que si por suerte tienes una puerta que te separe de ellos… la mantengas cerrada. En esta época de puertas abiertas y trabajo en “equipo” en lugares apretados y llenos de bullicio… una oficina con puerta es ¡una bendición! ¡Llena tu ambiente de energía positiva! Aún en un apretado cubículo puedes hacer maravillas si te rodeas de fotos familiares, dibujos o amuletos. Emocionalmente, en tu consciente y subconsciente, te sentirás protegido(a).

Para llenarme de energía positiva, a mí también me funciona de maravillas usar mi tiempo libre para hacer lo que más me apasiona, y así, durante los días en que vagan los seres, hago como Homero Simpson, sólo escucho un “zumbido”, siento una “presencia”, pero mi mente y mi espíritu están en sintonía con el alma que me acompañará a la eternidad.

* NOTA: Esta entrada de blog la redacté originalmente en el 2007. En aquel momento hablé en presente a través del escrito porque era un “alma en pena”. Ahora, ocasionalmente, puedo actuar como una. Pero, afortunadamente, creo que cada vez es menos.

Y tú, ¿cómo te proteges de la gente negativa, que te chupa la alegría? Comparte abajo tus experiencias.

This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.

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3 comentarios en “Almas en pena

  1. No sé cómo lo hago pero la gente me cuenta sus asuntos sin yo preguntar. Soy empática y me pongo en el lugar de la persona (o trato), pero si es algo negativo no dejo que trascienda (a mí).

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  2. Pingback: Sé la pareja que quieres tener | Lymari Vélez Sepúlveda

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