La copiona de la vitrina

Porque a todos nos ha pasado… alguna vez nos hemos topado con un ser que quiere lo que tenemos. 

barbie

Foto por: RamonitaGirl67, Flickr, Licencia CC

Recientemente fui con mi esposo a comprar un collar para complementar el ajuar que usaría para un coctel. Quería verme bonita y moderna a la vez. Dimos algunas vueltas, hasta que visitamos una de esas tienditas en los pasillos de los centros comerciales. Allí, frente a mi, vi un collar monísimo que era bastante parecido a la idea que tenía de lo que deseaba para complementar mi little black dress look.

Pero allí, frente a la vitrina del negocio, estaba una mujer presta a pagar su selección. Fue así que mientras ella se decidía a culminar su transacción yo le señalé a mi esposo el collar. Y ahí, de repente, de la nada, tuve ese encuentro que a todas nos ha pasado…justo a mi lado me topé con “la copiona de la vitrina”. Esa mujer a la que no le gusta nada de lo que se exhibe en esta pero que, a tu sola mención de que algo te agrada, lo toma para sí. En menos de un segundo la mujer dijo que quería el collar. Fue así como di media vuelta y me fui, en búsqueda de otra alhaja.

Luego de dar “vueltas y vueltas” (como diría la locutora del tránsito Janet Pérez Brito) regresé a la tiendita del pasillo. Allí estaba el collar. Pensé: “Después de todo, la copiona de la vitrina no se lo llevó”. Pero no, la felicidad no sería tan facil. La vendedora me dijo: “una muchacha está pendiente de comprarlo”. ¿Cómo? Ni tan siquiera estaba separado, seguía en la vitrina, invitando a los(as) consumidores a adquirirlo. Del saque se me quitó el encanto. Ya sabía que no quería la prenda. Y de repente pensé, esto es como cuando te gustaba un muchacho en la escuela y te enterabas que le agradaba a otra, y de repente lo veías biiiien feo. El detalle es que por cada una que piensa como yo, hay otras que, como la copiona, quieren lo que justamente ansías o hasta ya tienes. Así que opté por medirme el collar, aun cuando ya mi mente estaba determinada a que no era para mí.

Me lo probé y le vi un rasponazo. Así que, con el mismo amor lo devolví a la dependiente, mientras ansiaba que la venta pendiente no se diera. Al final, di una tercera vuelta y ya la gargantilla no estaba… “la copiona” se la llevó.

Seguí mi camino y encontré otra prenda muy bonita que, según mi esposo, era tan delicada como yo. Pero aun hoy, dos semanas después, relajamos con el incidente y con las mujeres y hombres que quieren lo que tiene el prójimo.

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2 comentarios en “La copiona de la vitrina

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